Parte 2. Bioestratigrafía y análisis paleoambiental de la Caliza Sierra Madre (Cretácico), Chiapas

Autores/as

  • Lowell E. Waite Mobil Exploration and Production-Research Division

DOI:

https://doi.org/10.22201/10.22201/igl.01855530e.1988.102.108

Palabras clave:

Santonian, unit, carbonate, Cretaceous, formation

Resumen

La Caliza Sierra Madre, de edad cretácica, aflora en el estado de Chiapas, en la parte suroriental de México, donde consiste de unos 2,575 m¹ o más de calizas y dolomitas acumuladas en la parte interna de la plataforma. Esta unidad estratigráfica, que constituye una roca almacenadora importante de hidrocarburos de la franja prolífica de La Reforma, en la región de la Sonda de Campeche que se encuentra más al norte, contiene un conjunto moderadamente rico de fósiles que sólo ha sido estudiado a nivel de reconocimiento previamente.

El presente estudio constituye una investigación a fondo de la biota de la Caliza Sierra Madre que se presenta en afloramientos aledaños al poblado de Ocozocuautla, en Chiapas centro-occidental, con objeto de determinar la edad de esta unidad estratigráfica y el ambiente de su depósito. La información aquí presentada puede sumarse a los datos litológicos y petrográficos detallados (véase Steele en la Parte 1 de este Boletín) y así tener un marco litológico-bioestratigráfico para la Caliza Sierra Madre en la parte centro-occidental del estado de Chiapas.

La Caliza Sierra Madre en el área estudiada está formada de brecha de dolomita y dolomita (unos 825 m), cubiertas por 1,775 m de calizas fosilíferas. Las calizas pueden subdividirse en 10 unidades litológicamente distintas, definibles bioestratigráficamente. De éstas, cuatro unidades —que constituyen la mayoría de los sedimentos— son calizas algáceas y de pellas, ricas en fangos y contienen foraminíferos y rudistas. Otras dos unidades delgadas están formadas por calizas ricas en fangos y por clásticos terrígenos finos, y contienen foraminíferos planctónicos. Otras dos unidades delgadas consisten de calizas oolíticas, libres de fangos, mientras que una unidad contiene un conjunto mixto formado por fósiles planctónicos y bentónicos. No pudo estudiarse la última unidad de estas 10 por haber carecido de acceso. La brecha de dolomita y dolomita se considera como perteneciente a una sola unidad litológica distinta, aunque no fue estudiada en detalle por carecer de fósiles identificables.

Los foraminíferos y algas son los organismos dominantes de la Caliza Sierra Madre, aunque se presentan en cantidades variables moluscos, equinoides, corales, ostrácodos, esponjas, radiolarios, tubos de gusanos e icnofósiles. Los foraminíferos planctónicos y otros fósiles bioestratigráficamente significativos son lo suficientemente abundantes para la determinación precisa de la edad y ambiente de depósito de las calizas.

Con base en las primeras y últimas ocurrencias de las especies de foraminíferos planctónicos, pueden definirse principalmente seis unidades informales bioestratigráficas en las calizas:

Zonas de foraminíferos bentónicos:

  • Zona de Nummoloculina heimi

  • Zona de Pseudolituonella reicheli

  • Zona de Dicyclina schlumbergeri

Zonas de foraminíferos planctónicos:

  • Zona de Rotalipora cushmani

  • Zona de Marginotruncana marianosi

  • Zona de Whiteinella archeocretacea

La biozonificación sugiere que los 1,775 m superiores de la Caliza Sierra Madre en la parte centro-occidental de Chiapas son del Albiano–Santoniano medio. Aún es problemático definir la edad precisa de la brecha de dolomita y dolomita subyacentes, aunque su posición estratigráfica les infiere una edad neocomiana–aptiana. Una edad aptiana (o ligeramente más antigua) a santoniana media para la totalidad de la Caliza Sierra Madre permite su correlación parcial con la Formación Ixcoy del noroccidente de Guatemala y con las formaciones Cobán y Campur del suroriente de Guatemala.

El análisis estadístico, apoyado por computadora, de la ocurrencia de los fósiles y de la abundancia relativa de los tipos de fósiles encontrados en las unidades de caliza permitió la definición de seis biofacies, representando cada una ambientes de depósito diferentes. La biofacies A, que consiste de miliólidos, algas rojas y bivalvos no rudistas, junto con la biofacies B, que consiste principalmente de foraminíferos orbitolínidos, se interpretan como representativas de ambientes de plataforma interna a intermareas; las profundidades del agua probablemente fueron de 10 m o menos y las aguas probablemente no fueron restringidas, teniendo salinidades variables. La biofacies C, en la cual predomina Pithonella así como foraminíferos planctónicos, corales y esponjas, se interpreta como representativa de ambiente de plataforma media marina abierta, donde las profundidades del agua variaron de 10 a 30 m. La biofacies D, formada por oolitos y escombros de material esquelético desgastado y redondeado, se interpreta como representativa de depósito encima o cerca de un cayo de la plataforma o de un banco; las profundidades del agua fueron lo suficientemente someras para permitir una alta agitación junto o cerca de la base del oleaje de buen tiempo. La biofacies E, formada por algas verdes y fangos calcáreos, se considera como representativa de ambiente de intermareas, con aguas marinas normales, cálidas y limpias dentro de la zona fótica. La biofacies F, que consiste de dolomita o fango calcáreo y algas verde-azules, se interpreta como representativa de depósito en la zona de supramarea en aguas hipersalinas que periódicamente se secaron. A pesar de los ambientes de depósito de la Caliza Sierra Madre, que varían desde el de supramarea hasta el de plataforma media abierta, la mayor parte de los sedimentos se depositó bajo condiciones de baja energía sobre una plataforma interna amplia, cubierta por aguas marinas someras algo restringidas. La presencia de estos ambientes durante el Cretácico en la parte centro-occidental de Chiapas apoya la teoría en cuanto a la existencia de una plataforma carbonatada grande de aguas someras en el sureste de México durante la mayor parte del Cretácico.

El análisis de la distribución de biofacies a través del tiempo muestra que los ambientes de depósito cambiaron siguiendo un patrón regular y predecible de crecimiento (aggradación) de la plataforma, seguido por inundación marina. Tres ciclos de disminución/aumento en la profundidad están registrados en los sedimentos de la plataforma interna de la Caliza Sierra Madre, cada uno con una duración de 5–10 millones de años. Se registraron cotas altas relativas del nivel del mar en dos ocasiones: una durante el Cenomaniano medio-tardío y otra durante el Coniaciano–Santoniano. Se aprecian cotas bajas durante el Cenomaniano medio y el Turoniano.

Las causas de tales ciclos sobre una plataforma carbonatada amplia y de agua somera probablemente son complejas, y pudieron haber resultado de una combinación de ajustes del nivel global del mar, la producción local de carbonatos y la actividad tectónica del macizo de Chiapas cercano.

Hace aproximadamente 80 Ma, durante el Santoniano medio, finalizó el depósito de la Caliza Sierra Madre, cuando la actividad tectónica regional propició la invasión de la plataforma carbonatada por sedimentos clásticos. La producción de carbonatos se detuvo, terminando una era prolífíca en la sedimentación carbonatada en el sureste de México.

Citas

• Anderson, T. H., Burkart, Burke, Clemons, R. E., Bohnenberger, O. H., & Blount, D. N. (1973). Geology of the western Altos Cuchumatanes, northwestern Guatemala. Geol. Soc. America Bull., 84, 805-826.

• Ball, M. M. (1967). Carbonate sand bodies of Florida and the Bahamas. Jour. Sed. Petrology, 37, 556-591.

• Ball, M. M., Shinn, E. A., & Stockman, K. A. (1967). The geologic effects of Hurricane Donna in south Florida. Jour. Geology, 75, 583-597.

• Bathurst, R. G. G. (1966). Boring algae, micrite envelopes and lithification of molluscan biosparites. Geol. Jour., 5, 15-32.

• Bathurst, R. G. G. (1975). Carbonate sediments and their diagenesis. Elsevier.

• Blair, T. C. (1981). Alluvial fan deposits of the Todos Santos Formation of central Chiapas (Unpublished master's thesis). University of Texas at Arlington.

• Blount, D. N., & Moore, C. H., Jr. (1969). Depositional and non-depositional carbonate breccias, Chiantla quadrangle, Guatemala. Geol. Soc. America Bull., 80, 429-441.

• Bose, E. (1905). Reseña acerca de la geología de Chiapas y Tabasco. Inst. Geol. México, Bol., 20, 5-100.

• Bricker, O. P. (Ed.). (1971). Carbonate cements. Johns Hopkins Press.

• Broecker, W. S., & Takahashi, T. (1960). Calcium carbonate precipitation on the Bahama Banks. Jour. Geophys. Research, 71, 1575-1602.

• Buffler, R. T., Watkins, J. S., Shaub, F. J., & Worzel, J. L. (1980). Structure and early geologic history of the deep central Gulf of Mexico basin. In The origin of the Gulf of Mexico and the early opening of the central North Atlantic Ocean – a symposium (pp. 3-16).

• Burckhardt, C. (1930). Étude synthétique sur le Mésozoique mexicain (Mém. 49-50). Soc. Paléont. Suisse.

• Burkart, Burke, & Clemons, R. E. (1972). Late Paleozoic orogeny in northwestern Guatemala. Conferencia Geológica del Caribe, 6, 210-213. Margarita, Venezuela.

• Castro-Mora, J., Schlaepfer, C. J., & Martínez-Rodríguez, E. (1975). Estratigrafía y microfacies del Mesozoico de la Sierra Madre del Sur, Chiapas. Bol. Asoc. Mex. Geólogos Petroleros, 27, 1-103.

• Cayeux, L. (1935). Les roches sedimentaires de France; roches carbonatées (calcaires et dolomies). Masson.

• Chubb, L. J. (1959). Upper Cretaceous of central Chiapas, Mexico. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 43, 725-755.

• Clemons, R. E., Anderson, T. H., Bohnenberger, O. H., & Burkart, Burke. (1974). Stratigraphic nomenclature of recognized Paleozoic and Mesozoic rocks of western Guatemala. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 58, 313-320.

• Cloud, P. E., Jr. (1962). Environments of calcium carbonate deposition west of Andros Island, Bahamas. U. S. Geol. Survey, Prof. Paper, 350, 138 p.

• Contreras-Velázquez, H., & Castillón-Bracho, M. (1968). Domes of Isthmus of Tehuantepec. Am. Assoc. Petroleum Geologists, Mem., 8, 244-260.

• Coogan, A. H. (1977a). Bahamian and Floridian biofacies. In H. G. Multer (Ed.), Field guide to some carbonate rock environments, Florida Keys and western Bahamas (pp. 354-358). Kendall/Hunt Publ. Co.

• Coogan, A. H. (1977b). Early and middle Cretaceous Hippuritacea (rudists) of the Gulf Coast. In D. G. Bebout & R. G. Loucks (Eds.), Cretaceous carbonates of Texas and Mexico; applications to subsurface exploration (pp. 32-70). University of Texas, Bur. Econ. Geology, Rept. Invest. 89.

• Coogan, A. H., Bebout, D. G., & Maggio, C. (1972). Depositional environments and geologic history of Golden Lane and Poza Rica trend, Mexico, an alternative view. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 56, 1419-1447.

• Davies, P. J., Bubela, B., & Ferguson, J. (1978). The formation of ooids. Sedimentology, 25, 703-730.

• Dengo, G. (1975). Paleozoic and Mesozoic tectonic belts in Mexico and Central America. In A. E. M. Nairn & F. G. Stehli (Eds.), The ocean basins and margins; Volume 3, the Gulf of Mexico and the Caribbean (pp. 283-323). Plenum Press.

• Dunham, R. J. (1962). Classification of carbonate rocks according to depositional texture. In Classification of carbonate rocks — a symposium (pp. 108-121). Am. Assoc. Petroleum Geologists, Mem., 1.

• Dunham, R. J. (1971). Meniscus cement. In O. P. Bricker (Ed.), Carbonate cements (pp. 297-300). Johns Hopkins Press.

• Dzens-Litovsky, A. L., & Vasil’yev, G. V. (1973). Geologic conditions of formation of bottom sediments in Karabogaz-Gol in connection with fluctuations in Caspian sea level. In D. W. Kiekland & R. Evans (Eds.), Marine evaporites, origin, diagenesis, and geochemistry (pp. 9-16). Dowden, Hutchinson & Ross.

• Enos, P., & Perkins, R. D. (1977). Quaternary sedimentation in south Florida. Geol. Soc. America, Mem., 147, 148 p.

• Evans, G., Kinsman, D. J. J., & Shearman, D. F. (1964). A reconnaissance survey of the environment of Recent sedimentation along the Trucial Coast, Persian Gulf. In L. M. J. U. Van Straaten (Ed.), Deltaic and shallow marine deposits (pp. 129-135). Elsevier.

• Evans, G., Schmidt, V., Bush, P., & Nelson, H. (1969). Stratigraphy and geologic history of the sabkha, Abu Dhabi, Persian Gulf. Sedimentology, 12, 145-159.

• Folk, R. A. (1959). Practical petrographic classification of limestones. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 43, 1-38.

• Friedman, G. M. (1959). Identification of carbonate minerals by staining methods. Jour. Sed. Petrology, 29, 87-97.

• Friedman, G. M. (1977). The Bahamas and southern Florida: A model for carbonate deposition. In H. G. Multer (Ed.), Field guide to some carbonate rock environments, Florida Keys and western Bahamas (p. 388). Kendall/Hunt.

• Friedman, G. M. (1980). Dolomite is an evaporite mineral: Evidence from the rock record and from sea-marginal ponds of the Red Sea. In D. H. Zenger, J. B. Dunham, & R. L. Ethington (Eds.), Concepts and models of dolomitization (pp. 69-80). Society for Economic Paleontologists and Mineralogists, Spec. Publ. 28.

• Garrett, P. (1977). Biological communities and their sedimentary record. In L. A. Hardie (Ed.), Sedimentation on the modern carbonate flats of northwest Andros Island, Bahamas (pp. 124-158). Johns Hopkins Univ., Studies Geology, 22.

• Gebelein, C. D. (1969). Distribution, morphology and accretion rate of Recent subtidal algal stromatolites, Bermuda. Jour. Sed. Petrology, 39, 49-69.

• Ginsburg, R. N. (1957). Early diagenesis and lithification of shallow water carbonate sediments in south Florida. In R. J. LeBlanc & J. G. Breeding (Eds.), Regional aspects of carbonate deposition (pp. 80-99). Society for Economic Paleontologists and Mineralogists, Spec. Publ. 5.

• Ginsburg, R. N. (1964). South Florida carbonate sediments. Geol. Soc. America, Annual Meeting, Guidebook Field Trip 1, 72 p.

• Ginsburg, R. N. (1972). South Florida carbonate sediments. In Sediments II; marine geology and geophysics. University of Miami, Riosenstiel School of Marine and Atmospheric Science.

• Ginsburg, R. N., Bricker, O. P., Wanless, H. R., & Garrett, P. (1970). Exposure index and sedimentary structures of a Bahama tidal flat. Geol. Soc. America, Abstracts with Programs, 2, 744 (abstract).

• Ginsburg, R. N., & Hardie, L. A. (1975). Tidal and storm deposits, northwestern Andros Island, Bahamas. In R. N. Ginsburg (Ed.), Tidal deposits: A casebook of Recent examples and fossil counterparts (pp. 201-208). Springer-Verlag.

• Gorsline, D. S. (1963). Environments of carbonate deposition, Florida Bay and Florida Straits. In R. O. Bass & S. L. Sharps (Eds.), Shelf carbonates of the Paradox Basin (pp. 130-143). Four Corners Geol. Soc., Annual Field Conference, 4.

• Grover, G., Jr., & Reed, J. F. (1978). Fenestral and associated diagenetic fabrics of tidal flat carbonates, Middle Ordovician New Market Limestone, southwestern Virginia. Jour. Sed. Petrology, 48, 453-473.

• Gutiérrez-Gil, R. (1956). Bosquejo geológico del Estado de Chiapas. México, D. F., Internat. Geol. Cong., 20, Libreto-guía de la excursión C-15, 9-32.

• Harris, P. M. (1977). Depositional environments of Joulters Cays area. In H. G. Multer (Ed.), Field guide to some carbonate rock environments: Florida Keys and Western Bahamas (pp. 157-162). Kendall/Hunt.

• Harrison, R. S., & Steinen, R. P. (1978). Subaerial crusts, caliche profiles, and breccia horizons: Comparison of some Holocene and Mississippian exposure surfaces, Barbados and Kentucky. Geol. Soc. America Bull., 89, 385-396.

• Ilung, L. V. (1959). Deposition and diagenesis of some upper Paleozoic carbonate sediments in western Canada. World Petroleum Congress, 5, Proc., Section 1, Paper 2.

• Kahle, G. F. (1974). Ooids from Great Salt Lake, Utah, as an analogue for the genesis and diagenesis of ooids in marine limestones. Jour. Sed. Petrology, 44, 30-39.

• Kauffman, E. G., & Sohl, N. F. (1974). Structure and evolution of Antillean Cretaceous rudist frameworks. VerhandL Naturf. Ges. Basel, 84, 399-467.

• Kendall, C. G. St. G., & Skipwith, P. A. D' E. (1968). Holocene shallow-water carbonate and evaporite sediments of Khor al Bazam, Abu Dhabi, southwest Persian Gulf. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 53, 841-869.

• Kresia, R. D. (1981). Storm-generated sedimentary structures in subtidal marine facies with examples from the Middle and Upper Ordovician of southwestern Virginia. Jour. Sed. Petrology, 51, 823-848.

• Laporto, L. (1967). Carbonate deposition near mean sea-level and resultant facies mosaic; Manlius Formation, Lower Devonian of New York State. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 51, 73-102.

• Locan, B. W. (1974). Diagenesis in Holocene-Recent carbonate sediments. In B. Logan (Ed.), Proceedings of the symposium on the diagenesis of carbonate rocks (pp. 1-18).

• Longman, M. W. (1980). Carbonate diagenetic textures from near-surface diagenetic environments. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 64, 461-487.

• López-Ramos, E. (1975). Carta geológica del Estado de Chiapas (2nd ed.). Universidad Nacional Autónoma de México.

• Loucks, R. G. (1977). Porosity development and distribution in shoal-water carbonate complexes—subsurface Pearsall Formation (Lower Cretaceous), South Texas. In D. G. Bebout & R. G. Loucks (Eds.), Cretaceous carbonates of Texas and Mexico; applications to subsurface exploration (pp. 97-126). University of Texas, Bureau of Economic Geology, Rept. Invest. 89.

• Mandelbaum, H., & Sanford, J. T. (1952). Table for computing thickness of strata measured in a traverse or encountered in a borehole. Geol. Soc. America Bull., 63, 765-776.

• Mattes, B. W., & Mountjoy, E. W. (1980). Burial dolomitization of the Upper Devonian Miette buildup, Jasper National Park, Alberta. Soc. Econ. Paleontologists and Mineralogists, Spec. Publ., 28, 259-297.

• McKee, E. D., & Gutschick, R. G. (1969). History of Redwall Limestone of northern Arizona. Geol. Soc. America Mem., 114, 726 p.

• McKenzie, J. A., Hsu, K. J., & Schneider, J. F. (1980). Movement of subsurface waters under the sabkha, Abu Dhabi, UAE, and its relation to evaporite dolomite genesis. In D. H. Zenger, J. B. Dunham, & R. L. Ethington (Eds.), Concepts and models of dolomitization (pp. 11-30). Soc. Econ. Paleontologists and Mineralogists, Spec. Publ., 28.

• Moore, H. G. (1966). Ecology of echinoids. In R. A. Boolootian (Ed.), Physiology of Echinodermata (pp. 73-83). Interscience.

• Moravec, D. L. (1983). Study of the Concordia Fault System near Jerico, Chiapas, Mexico (M. Sc. thesis, University of Texas at Arlington, unpublished).

• Muller, G. (1971). “Gravitational” cement: An indicator for the vadose zone of subaerial diagenetic environment. In O. P. Bricker (Ed.), Carbonate cements (pp. 301-302). Johns Hopkins Press.

• Müllerried, F. K. G. (1936). Estratigrafía preterciaria preliminar del Estado de Chiapas. Bol. Soc. Geol. Mexicana, 9, 31-41.

• Multer, H. G. (1977). Field guide to some carbonate rock environments; Florida Keys and western Bahamas. Kendall/Hunt Pub. Co.

• Multer, H. G., & Hoffmeister, J. É. (1968). Subaerial laminated crusts of the Florida Keys. Geol. Soc. America Bull., 79, 183-192.

• Perkins, B. F. (1969). Rudist faunas in the Comanche Cretaceous of Texas. In Shreveport Geological Society Guidebook, 1969, Spring Field Trip; Comanchean Stratigraphy of the Fort Worth-Waco-Belton Area, Texas (pp. 121-137). Louisiana State University.

• Perkins, B. F. (1974). Paleoecology of a rudist reef complex in the Comanche Cretaceous Glen Rose Limestone of central Texas. Geoscience and Man, 8, 131-173.

• Perkins, R. D. (1963). Petrology of the Jeffersonville Limestone (Middle Devonian) of southeastern Indiana. Geol. Soc. America Bull., 74, 1335-1354.

• Perkins, R. D., & Enos, P. (1968). Hurricane Betsy in the Florida-Bahama-area: Geologic effects and comparison with Hurricane Donna. Jour. Geology, 76, 710-717.

• Purdy, E. G. (1963). Recent calcium carbonate facies of the Great Bahama Bank: 1. Petrology and reaction groups; 2. Sedimentary facies. Jour. Geology, 71, 334-535, 472-497.

• Purser, B. H. (Ed.). (1973). The Persian Gulf; Holocene carbonate sedimentation and diagenesis in a shallow epicontinental sea. Springer-Verlag.

• Reeves, C. C., Jr. (1976). Caliche. Estacado Books.

• Richards, H. G. (1963). Stratigraphy of earliest Mesozoic sediments in southeastern Mexico and western Guatemala. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 47, 1861-1870.

• Roberts, R. J., & Irving, E. M. (1957). Mineral deposits of Central America. U. S. Geological Survey, Bull. 1034.

• Rusnak, G. A. (1960). Some observations of recent oolites. Jour. Sed. Petrology, 30, 471-480.

• Sánchez-Montes de Oca, R. (1969). Estratigrafía y paleogeografía del Mesozoico de Chiapas. Instituto Mexicano del Petróleo, Seminario Expl. Petrol., Mesa Redonda 5.

• Sapper, K. (1894). Grundzüge der physikalischen Geographic von Guatemala. Petermann’s Geogr. Mitt., Erg. 24, n. 113.

• Sapper, K. (1899). Über Gebirgsbau und Boden des nördlichen Mittelamerika. Petermann’s Geogr. Mitt., Erg. 27, n. 127.

• Scotese, C. R., Bamback, R. K., Barton, C., Van der Voo, R., & Ziegler, A. M. (In preparation). Mesozoic base maps. The University of Chicago, The University of Michigan.

• Shinn, E. A. (1968a). Practical significance of birdseye structures in carbonate rocks. Jour. Sed. Petrology, 38, 215-224.

• Shinn, E. A. (1968b). Burrowing in Recent lime sediments of Florida and the Bahamas. Jour. Paleontology, 42, 879-894.

• Shinn, E. A., Lloyd, R. M., & Ginsburg, R. N. (1969). Anatomy of a modern carbonate tidal-flat, Andros Island, Bahamas. Jour. Sed. Petrology, 39, 1202-1228.

• Steele, D. R. (1982). Physical stratigraphy and petrology of the Cretaceous Sierra Madre Limestone, west-central Chiapas, Mexico (M. Sc. thesis, University of Texas at Arlington, unpublished).

• Swanson, R. G. (1981). Sample examination manual. American Association of Petroleum Geologists, III-3 to III-9.

• Tasch, P. (1973). Encoded data in living and fossil echinoids. In Paleobiology of the invertebrates, data retrieval from the fossil record (pp. 672-700). John Wiley.

• Tebbutt, G. E., Conley, C. D., & Boyd, D. W. (1965). Lithogenesis of a distinctive carbonate rock fabric. University of Wyoming, Cont. Geology, 4, 162-467.

• Vail, P. R., Mitchum, R. M., & Thompson, S. (1977). Seismic stratigraphy and global changes of sea level; part 4, global cycles of relative changes of sea level. Am. Assoc. Petroleum Geologists Mem., 26, 83-97.

• Ver Wiebe, W. A. (1925). Geology of the southern Mexico oil fields. Pan-Am. Geol., 44, 12-128.

• ViniegrAtOsorio, F. (1971). Age and evolution of salt basins of southeastern Mexico. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 55, 478-494.

• ViniegrAtOsorio, F. (1981). Great carbonate bank of Yucatán, southern Mexico. Jour. Petroleum Geology, 3, 247-278.

• Vinson, G. L. (1962). Upper Cretaceous and Tertiary stratigraphy of Guatemala. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 46, 425-456.

• Waite, L. E. (1983). Biostratigraphic and paleoenvironmental analysis of the Cretaceous Sierra Madre Limestone, Chiapas, southern Mexico (M. Sc. thesis, University of Texas at Arlington, unpublished).

• Walper, J. L. (1960). Geology of Cobán-Purulhá area, Alta Verapaz, Guatemala. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 44, 1273-1315.

• Wanless, H. R., Burton, E. A., & Dravis, J. (1981). Hydrodynamics of carbonate fecal pellets. Jour. Sed. Petrology, 51, 27-36.

• Wilson, H. H. (1974). Cretaceous sedimentation and orogeny in nuclear Central America. Am. Assoc. Petroleum Geologists Bull., 58, 1348-1396.

• Windland, H. D., & Matthewes, R. R. (1974). Origin and significance of grapestone, Bahama Islands. Jour. Sed. Petrology, 44, 921-927.

• Wong, P. K., & Oldershaw, A. (1981). Burial cementation in the Devonian Daybob Reef Complex, Alberta, Canada. Jour. Sed. Petrology, 51, 507-520.

• Zavala-Moreno, J. M. (1971). Estudio geológico del proyecto hidroeléctrico Cañón del Sumidero, Río Grijalva, Estado de Chiapas. Bol. Asoc. Mex. Geólogos Petroleros, 23, 1-92.

Descargas

Publicado

1988-01-01